viernes, marzo 23

De sus labios: Margaret Randall


El dolor de ser mujer, una vez conscientizado, internalizado, reflexionado, se transforma en un valor, en la posibilidad de una enseñanza mutua, en una lección que requiere ser compartida, transmitida, hasta volverlo leyenda: "¿Dónde está el espejo lo bastante limpio/ como para decirnos quienes somos?".
La falta de poder en las mujeres, ha dicho en forma decisiva, no es, como se ha querido hacer creer, un fenómeno privado, porque lo personal y lo político son dos caras de la misma moneda: "El sistema necesita mantener a las mujeres subordinadas y bien controladas, por eso pinta la vida de rebeldía como una vida desdichada. Pero si a mujer le fue mal en una relación y tiene que probar otra vez, habría que ver si ella es menos feliz que aquella que dice: «Bueno, me conformo con lo que tengo, no voy a mover el agua y me quedo donde estoy…»".
El dolor hace de las mujeres un ser en perpetua construcción, mutando continuamente de piel y, en casos extremos como los de Frida Kahlo y la propia Margaret, transformarse en obras maestras de sí mismas: "Para mí la política y la vida son la misma cosa. Pero no hablo de la política estrecha o partidaria, sino de la política en el sentido de intentar hace la vida más sana, más segura y más creativa para todos… pero asumir un cargo político… ¡jamás!".

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