viernes, febrero 22

La guerrera desgreñada


De Juan Pedro Oriol:
En la vida de los celtas, la mujer aparecía casi siempre como gran protagonista. Y en verdad lo fue. Hoy, dicen los historiadores, la mujer celta ya no existe; ha desaparecido. Y un silencio histórico, para nada casual, la rodea.
La mujer celta. Tácito al hablar de las batallas, la menciona como "la guerrera desgreñada, de negro ropaje, cual furia blandiendo su antorcha; el cuello hinchado, los dientes rechinantes y blandiendo los enormes brazos cetrinos, dando puñetazos como si fueran los proyectiles de una catapulta".

Amiano Marcelino, en pleno Siglo 4, escribe así: "Una patrulla entera de extranjeros no podría resistir el ataque de un solo galo, si este se hiciera acompañar y ayudar por su esposa". El gran historiador Julio César la describe como la fuerza mas peligrosa que hay que temer, porque no era raro que lucharan a la par de sus hombres, y a veces mejor que ellos.

Plutarco, viajero e historiador del Siglo 1 de la Era Cristiana, en uno de sus muchos tratados, cuenta una singular anécdota. Una mujer celta de nombre Kinimara, al informarle a su marido que había sido atropellada y violada por un extraño, le presentó al mismo tiempo la cabeza de su ofensor.

Haciendo caso a estas pinceladas narrativas, recordamos que la mujer en la vieja Irlanda estaba casi en un plano de igualdad con el hombre. Y en ocasiones, ella misma de imponía como superior al hombre. Durante siglos permaneció emancipada y a menudo sobresalia por su profesión, rango y fama. En el matrimonio, ella promulgaba la última desición. En cuestiones administrativas -dinero y propiedades- era ella el cerebro de las operaciones y manejos. Inclusive, podía ostentar un mando militar o ser instructora de armas, sin ningún tipo de recelo.
Y resulta curioso. Irlanda fue el único lugar del mundo que nunca fue visitado por las legiones romanas. Mantuvo su independencia hasta el Siglo 12 y fue conquistado de forma pacífica por la fé católica. Esta unión entre los celtas y el catolicismo dejó claro que los celtas tenian la capacidad de convertir en algo individual y propio cada modelo recibido de las distintas culturas con las que entraron en contacto. Por eso, la mujer celta se adaptó a los tiempos y circunstancias que le marcaba la vida.

Quizá este icono de la femineidad celta podría servir a los que se aferran a la lucha de sexos. A esas corrientes culturales que niegan la diferencia y la complementariedad de éstos.
Sí, somos conscientes de la marcada desigualdad de género que impera en pleno Siglo 21, especialmente en ciertas culturas o en algunos paises donde reina la pobreza y el subdesarrollo. Pero esta desigualdad desaparecerá cuando se comprenda la cuestión antropológica detrás de todo esto: que en la igualdad esta tambien la diversidad.

-Igualdad...un término ambiguo en este contexto, definitivamente hay una contradicción, y la palabra correcta es EQUIDAD-

Mujer y hombre son criaturas de Dios, y por ende, iguales, con los mismos derechos. Pero a la vez, presentan tanto interna como externamente diferencias sexuales inscritas en su naturaleza humana, que no se pueden trastocar.

Juan Pablo II, hace 20 años, escribió la carta apostólica "Mulieris Dignitatem" en la que hablaba sobre la dignidad y la vocación de la mujer. Desde entonces, hasta hoy, el panorama sigue cambiando, y podemos decir que para mal.
Genio femenino. Grandeza de la mujer. Necesidad de su presencia y de su actividad. Don de Dios en la vida de cada uno de nosotros, en la de todos.

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