jueves, diciembre 31

De sus labios: Leonora Carrington (6 de abril de 1917-)




Escultora, pintora y escritora, nació en el pueblo de Chorley, en Lancashire Inglaterra, de una familia rica. Nació el mismo año que otras dos escritoras interesantes: Jane Bowles y Carson McCullers. A los 18 la llevaron a Buckingham Palace para su presentación en sociedad.

En el año 1936 ingresa en la academia Ozenfant de arte, en la ciudad de Londres. Al año siguiente conoce a quien la introdujo indirectamente en el movimiento surrealista: el pintor alemán Max Ernst (pintor surrealista, éste sí recogido en los libros), quien mantenía una relación con la gran mecenas Peggy Guggenheim, a quien vuelve a encontrar de nuevo en un viaje a París y con quien no tarda en establecer una relación sentimental. Durante su estancia en esa ciudad entra en contacto con el movimiento surrealista y convive con personajes notables del movimiento como Joan Miró y André Breton, así como con otros pintores que se reunían alrededor de la mesa del Café Les Deux Magots, como por ejemplo el pintor Pablo Picasso y Salvador Dalí.

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial Ernst fue arrestado por las autoridades francesas, pero liberado unas semanas después. Poco después de la ocupación Nazi fue arrestado de nuevo, esta vez por la Gestapo, lo que provocó que Leonora devastada volara a España.Terminó con Ernst en la embajada Inglesa. Sus padres intervinieron y la internaron en un hospital psiquiátrico de Santader presa de un colapso nervioso.

En 1941 escapa del hospital y arriba a la ciudad de Lisboa, donde encuentra refugio en la embajada de México. Allí conoce al escritor Renato Leduc, un amigo de Picasso veinte años mayor que ella, que terminará ayudándola a emigrar. Ese mismo año contraen matrimonio y Leonora viaja a Nueva York. En 1942 emigra a México y en 1943 se divorcia de Renato Leduc. En México, la pintora restablece sus lazos con varios de sus colegas y amigos surrealistas en el exilio, quienes también se encuentran en ese país, tales como André Breton, Benjamín Peret, Alice Rahon, Wolfgang Paalen y la pintora Remedios Varo, con quien mantendrá una amistad particularmente duradera. Tiempo después en México se casa con Emericko Weisz con quien tiene a sus hijos Gabriel (intelectual y poeta) y Pablo (artista surrealista y doctor).

De la discriminaciónl primer contacto de Leonora Carrington con suelo mexicano tiene lugar en Nuevo Laredo, ciudad fronteriza con el Laredo texano y estadunidense. Viajaba en auto desde Nueva York con Leduc, quien dejaba su puesto en el consulado mexicano de esa ciudad. Viajaban junto con otros diplomáticos mexicanos: "[...] recuerdo -dice Leonora - que era como encontrarse de pronto con un mundo totalmente nuevo. Tenía un aire oriental. Esto era en los años cuarenta. Todavía se veía a la gente desplazándose a caballo y con grandes sombreros". Leonora no está segura de que haya sido en Virginia o en Texas donde, en su camino hacia el sur, al querer entrar en un bar, no los dejaron pasar: "y allí no permitían que las mujeres se sentaran en los bares, ni tampoco servían a los mexicanos". Sufrió así una doble segregación: por ser mujer y por sus acompañantes morenos, mexicanos.

Sufrió de manera aguda las limitaciones que se le imponían por ser mujer. "Era una sensación de injusticia, no una conciencia. También teníamos - se refiere años más tarde a ella y a Remedios Varo - una especie de indignación porque no nos permitían hacer muchas cosas que a los niños sí les permitían. Interiormente hay una especie de centro escondido que se pone furioso y a los hombres les da mucho miedo esta furia que se sabe expresar. Esta furia yo la he expresado en la manera que me ha sido posible, dentro de mis límites, en la pintura y en la poca cosa que he escrito." Pero en vez de someterse, aceptar y responder a las expectativas convencionales que se cifraban en ella, su ira se convirtió en rebeldía que la empujaba a volcar esa enorme energía en una rica vida interior. En los cuentos de Leonora Carrington "La dama oval" y "La debutante" se plasma, de modo onírico, un rechazo al mundo de los adultos, al mundo de las reglas, los deberes y también a la hipocresía; trasluce la profunda insubordinación vital que lleva a la autora hasta la locura, rebeldía estética que le permite crear textos y cuadros de singular belleza.

En 1951, Leonora publica en París Une chemise de nuit de flanelle, traducida del inglés, obra de teatro en un solo acto cuyas cinco escenas se desarrollan simultáneamente en las cinco habitaciones y la cueva subterránea de una casa grande. En los años cincuenta aparece La trompetilla acústica, novela que exalta la amistad y narra la búsqueda del Santo Grial -o Santo Cáliz: vaso o plato místico que en los libros de caballería se supone que sirvió para la institución del sacramento eucarístico-, emprendida por la feminista inglesa de noventa y dos años Marion Leatherby, quien se encontraba en cautiverio en un castillo medieval español convertido en hospicio para ancianas. Tras una serie de aventuras, Marion y sus amigas triunfan sobre las fuerzas sociales que prefieren mantener a los ancianos escondidos y en silencio. Si bien Leonora escribió La trompetilla acústica cuando tenía alrededor de cuarenta años, llama la atención el interés que ahí expresa por la vida y el poder de las ancianas, preocupación que ha continuado con el transcurso de los años.

Con su talento y sabiduría que hereda de siglos atrás, Leonora Carrington ha incursionado en terrenos de la creatividad recorridos hasta no hace mucho casi exclusivamente por los hombres, como la pintura, la escultura, la obra gráfica y la escritura, y también en aquellos más comúnmente relacionados con el quehacer femenino: la tapicería y la confección de muñecas, esta última casi marginal. Para los tapices ha dibujado cartones que la familia Rosales -formada por tejedores de Chiconcuac- reprodujo sacando un solo ejemplar de cada diseño. En cambio, para elaborar sus muñecas sólo ha necesitado, además de sus manos, agua e hilo, telas, abalorios, cintas y material para rellenarlas: el cuerpo del peyote o una madeja de sus propios cabellos rescatada del cepillo para peinar. ¿De dónde procede la inspiración para confeccionar esas muñecas tan originales, tan distintas de cualquier otra y tan iguales, sin embargo, a las figuras de su obra plástica?

Su necesidad o su deseo de crear muñecas le viene de un lugar muy arcaico. No sabía bordar, y como tenía ganas de hacer un personaje bordado se puso a inventar, a ver cómo salía, y empezó a producir una puntada que años después descubriría en un libro: justamente la crewel point (puntada o punto de ovillo): "Una puntada que hacían hace siglos los escandinavos o los celtas, ¡qué extraño!, de la época en que los normandos invadieron Inglaterra." Leonora me muestra una muñeca en proceso de confección cuya figura está ya delineada en la tela previamente teñida con té y de la cual el bordado, una especie de rosetón de vivos colores minuciosamente labrado con el punto de ovillo, ocupará el lugar del pecho, del corazón. Para la autora, la muñeca es algo muy ligado al ser humano y probablemente a la mujer, y esto desde siempre.






"I didn't have time to be anyone's muse... I was too busy rebelling against my family and learning to be an artist." (1983)

Cuando, en una entrevista concedida por Carrington a Lourdes Andrade, se habla del suicidio de Wolfgang Paalen, aquélla comenta: "Me desconcierta la falta de curiosidad que denota este acto ante el espectáculo de la vida. Finalmente, pasamos mucho más tiempo muertos que vivos. Hay que aprovechar, ¿no crees?"

"Ahora lo que me siento es más vieja y cada día que me despierto estoy contenta pero al mismo tiempo me extraño de estar viva y amanecer otra vez."

"Uno puede seguir aprendiendo hasta yo no sé cuándo."


Leonora describe su maternidad como "algo estremecedor": "Fue una gran conmoción. No tenía ni idea de lo que era el instinto maternal. No tenía ni idea de que iba a poseerme un instinto maternal tremendamente fuerte, no había tenido ningún indicio de ello antes de que nacieran mis hijos, pero fue algo que emergió de las profundidades..."

3 comentarios:

Lambda Cuanticos dijo...

Me gusta Remedios Varo, de hecho, es mi favorita. Su mundo onírico es delicioso.

j/e

Mme. M dijo...

Órale, tengo que ver su obra. Me falto poner un link que da de que hablar...http://elestantedelfondo.blogspot.com/2007/01/arte-leonora-carrington.html
Menciona lo que veníamos discutiendo acerca de la divinización de la mujer. Míralo y me dices que piensas.

Anónimo dijo...

Hola, excelente blog! Podrías darme los nombres de todas las mujeres que aparecen en la foto junto a Leonora?
Y otra cosa, sabes por casualidad dónde encontrar fotos de las muñecas de Leonora? Te agradecería mucho me dieras la info.
Muchos saludos!