viernes, septiembre 17

¡Madresanta!


De verdad que hay pocas cosas en la vida que aprecio tanto como que me reciban amablemente en un hogar. La mamá de Ase está por ser canonizada porque me alimentó y me tejió unas pantunflas. Sacrosanta mujer.
Madres de mis lectores, lectores de mis madres, por favor, atiendan al llamado de esta pobre twenty something con ganas de pozole.
Se supone que este puente iba a ser frucífero en cuanto a mercerear se refiere, pero así como olvidé apagar el bóiler, así como casi olvido mi cartera, así como olvidé la blusa de mi hermana, olvidé mis libretillas de anotaciones... con Escribiendos y un post muy chemical. Lo único que me traje fué el libro de La liberación de la mujer para documentarme y alardear sobre feminismo radical, pero ahora creo que no lo necesitaré... tanto.
Estoy preocupada, necesito descansar. Al mediodía me sorprendí a mi misma comiendo caldo con un tenedor (dije: ¡Mi misma! ¡No mames! ¡Quien se cayó del tercer piso fué tu celular no tú!). Me duele el cóccix y el gogote, además tengo la teoría de que me va a salir un pulgar nuevo por el talón derecho. No sé por qué madréporas me duele tanto.
Ya no quiero un gato (madre) ahora quiero una rata. El lunes la tendré, sé que seremos felices.

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