sábado, enero 28

No expectations

Me siento, con la satisfacción de haberme bañado despacio, con agua tibia y esta vez con la ventana cerrada. De usar mi ropa interior favorita (gracias Victoria) y mi vestido de algodón azul turquesa hasta los tobillos. Las uñas pintadas, podría andar descalza. Mi cabello perfectamente cepillado.
Me siento y trato de extirpar la ponzoña que me quiere inmovilizar de nuevo, que blande su espada ante mi mirada incrédula y sedienta de esperanza.
Me remonto al punto desencadenante de mis pensamientos mordaces y crueles. A la formación de mi personalidad, a las expectativas, las imágenes...las representaciones del arte rosa que me han confinado a esperar. Esperar siempre algo, a alguien (tanto que odio esperar). Pasarme la juventud esperando a una persona, y que resultara que esa persona era la equivocada. Porque estaba equivocada yo, porque lo sigo estando, pero ahora lo entiendo. 
Como todo crecimiento, sé que esto será paulatino. Y que no necesarimente tengo que someter a escrutinios religiosos todo lo que me interesa. Ni a mí, aunque el día de hoy haya resultado fructífero y tranquilizante.
Juntar las piezas y saber de que parte provino cada una, y porque demonios se juntaron, es lo que me ha llevado a darme cuenta de que yo basto. Que basto siendo quien soy, y teniendo lo que tengo. Y que no es necesario que alguien me lo diga, porque ya lo sé. Y que no tengo que estar esperando a nadie, de nuevo. 
Recuerdo la ultima vez que estuve sola y feliz. Un viaje, en un cuarto de hotel con dos camas, las dos para mí. Sin esperar noticias de nadie y viendo las noticias en inglés. 
"Take you broken heart and make it into art", dijo Carrie Fisher. El arte que estoy creando necesita un poco más de escultura y menos novela romántica. Menos cine de amor y más pintura fresca. Un amor más fuerte, más centrado, más pesado. Porque el amor así es. Lo sé porque ese amor llena, y no hay agujeros, ni hambre ahí. No es lo que se pasea ante tí, se luce, deslumbra y te pone a soñar, brilla y envuelve, y luego te tira al piso y te deja en mayor ceguera, por el resplandor potente que te hizo creer que seria tuyo para siempre. Y mucho menos viene de fuera. Nace de ti, de todos tus rincones, enmohecidos y aireados, y te aprieta fuerte, sin preguntar, y te cubre con sus manos plenas tus mejillas arreboladas y palpitantes, y nunca, nunca te suelta. Se amalgama con tu verdadero ser, que no necesita que le digan que eres bonita o que eres santa. Y que te carga en su espalda ancha, para que huyas de quien quiera querete menos de lo que te estás queriendo tu. Y que aceptes a quien te acompaña, sin esperar nada, para que tu no esperes tampoco, y te bastes al verte al espejo y decir: "qué bonitos lunares tengo".

No hay comentarios: