domingo, enero 8

The sad and long and boring story of how I lost my marriage

Eso es. Dejaré de ponerle adornitos y hablar en clave. Acaba de terminar mi matrimonio de 4 años.
Es curioso como las cosas pueden cambiar en horas. Aunque también se acumula, lo bueno y lo malo.
En el camino que he recorrido varias veces desde ayer a medio día, capté una construcción que estaba en obra negra, ahora pintada y terminada. Antes, servía como punto de reunión para un grupo de AA, hasta tenían su letrerito. Ahora, tiene otro, más grande, que dice BAR. La metáfora perfecta para lo que me pasó en los últimos días.
Lo peor, es que cuando me iba de la casa, pensaba en mis cosas. Mi pasaporte, mi cédula, el duplicado de las llaves de mi coche nuevo. Que terminó siendo el coche de la discordia, al parecer.
Ya regresé por eso, aunque me faltan como dos viajes.
Tal vez soy cínica, o muy ingenua al pensar que estaré mejor. Al sentirme mejor y libre justo ahora. Al tener tantos proyectos en mente, al emocionarme y asustarme por lo que se avecina. Pero no importa. Me voy a aferrar a lo bueno. Y voy a emocionarme más que lo que he llorado. Y voy a creerme que puedo, que soy. Y voy a encontrar el equilibrio entre el look boho-chic y estar despeinada y desaliñada.
Las señales aparecen. De repunte salió como un pop up el link de mi antigua cuenta de Flickr, con unas fotos bastante tontas y bastante bonitas (para mi gusto). Me recordaron cuando me pintaba las uñas cada semana religiosamente y le tomaba foto a todo lo que me conmovía el alma o el estómago. Algo más que retomar.
Dejaré que todo fluya, he descubierto que cuando me acelero generalmente choco.

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