domingo, enero 1

Todo azul y agua

Mañana le digo adiós a Quintana Roo, a Yucatán. Qué maravillosas vacaciones.
Desde la amabilidad y sonrisas de su gente en Chichén Itzá, hasta la extravagancia de la 5ta Avenida en Playa del Carmen, pasando por las playas over-the-top de Tulúm y la Maroma. A veces quería gritar de tanta belleza. Simplemente demasiada majestuosidad. Mi lugar favorito en la Tierra es el Caribe Mexicano. Bendigo a la vida por este regalo.
Los vendedores de Chichén Itzá son una cosa bella. Te ofrecen sus artesanías que fabrican en familia con la mayor paciencia y su cara iluminada. Unos tazones pintados con los colores más bonitos que he visto. Con mucho entusiasmo te dan el precio y se ponen de pechito para que les regatees: "Usted dígame cuanto me da", "Al rato me recupero con un güero". Tienen sus puestos con sus jaguares y búhos de barro que hacen sonidos, y sus calendarios mayas y dicen que el gobierno no les cobra renta y que los chinos son muy codos.
Alguna vez leí que La Maroma es una de las mejores playas del mundo, y pues, es increíble. Tiene unos tonos de azul casi embelesantes y parece no tener fin. Aunque en una caminata mi prima postiza y yo levantamos muchísima basura... Sandalias, cucharas desechables, unicel, y tapas y tapas de botellas de PET. Sentí coraje y tristeza, es imperdonable que paguemos con plástico esa belleza que roba el aliento y que abruma. Una de mis tareas de año nuevo es hacer al respecto. Podría vivir ahí y dedicarme a servir al océano y a la arena pálida y suave. Ese, es el paraíso. Mi alma tiene batería nueva, y mi piel es roja y café.

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