lunes, marzo 6

Estuve

Ayer me dormí echa un guiñapo de cruda temprana y crudal moral.
Pesadez de domingo y lunes de madrugar,
un volcán constipado de vacíos de manos que no se entrelazan y no juran amor.
Ni eterno ni fugaz, ni vítreo ni pardo.
Un enredo de cabello sin que el teléfono diga: "te espero".
Y herida por eso, herida por dentro,
Con el hueso expuesto en fractura,
Y con vinagre,
Curtiendo la sangre,
Que a veces cuaja, cuando no se derrama.

La noche pasada me sentí quebrada,
Aunque sudaba por pegarme con engrudo,
Con cinta de papel.
He luchado,
Y a veces la cama vacía es el premio dorado,
Pero la copa seduce,
Y te encuentras en el laberinto de zacate,
De puas,
De fierro y de aluminio,
En el "no encuentro lo mío",
No finjo,
No encierro.

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